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mayo 13, 2011

Fin de semana de actividad para Pallazos Rodantez: el regreso a Jilotepec.


El reloj marcaba las 9:00 horas del sábado 7 de mayo, la ciudad de México comenzaba con su ajetreo habitual; el metro lucía desahogado comparado con el resto de la semana; la atención se enfocó en la estación Politécnico, donde entre el río de gente apareció Carlos, quien al lado de Tania y sus hijas se encaminaron hacia su destino.
Tania, fundadora de Asociación Mexicana de Apoyo Sebastián (AMAS IAP), se encargó por segunda vez de facilitar el acercamiento de Pallazos Rodantez a tierras mexiquenses; en esta ocasión se trató de un viaje exprés que prometía tres grandes presentaciones en el municipio de Jilotepec.
Con un saludo y una sonrisa, se dispusieron a tomar el camión que los llevaría hasta la caseta de Tepoztlán rumbo a Querétaro donde una camioneta los esperarían para llevarlos hasta el kilómetro 107; a mitad del camino una mala noticia llegó: el resto de los invitados y encargados de representar dos obras de teatro habían cancelado lo que dejaba todo el espectáculo a cargo de los payasos, con la necesidad de alargar lo que llevaban preparado.
Pasados 40 minutos llegaron hasta la terminal de camiones donde los recibió Hugo, “el Chino”, un zanquero invitado para fungir como presentador; con los respectivos saludos comenzaron su camino hacia la caseta donde a lo lejos se vislumbraba Iván sentado en el tronco de un árbol a la espera de sus compañeros de viaje; unos metros más y llegaron hasta una camioneta blanca; entre bromas, pláticas y planeación, llegaron hasta el kilómetro 107 de la carretera México – Querétaro.
Aunque en un principio se mostraban renuentes a bajar, terminaron en la pequeña oficina de uno de los patrocinadores de su viaje: don Adolfo, cuya ausencia era evidente; sin embargo, aun desde la lejanía, los apoyó facilitando una camioneta que les permitiría cumplir con su itinerario.
Tras cambiar equipaje y pasajeros de un vehículo a otro y cargar gasolina, se dirigieron a “El Saltillito”, donde se llevaría a cabo su primera presentación; unos pastelillos de chocolate y un refresco de cola para recargar baterías y se estacionaron en la calle que sería su escenario, a las afueras de la iglesia.
A la espera de que se juntara el público que presenciaría su actuación, corrieron a las oficinas del recinto para cambiarse; detrás de ellos quedaron sus instrumentos de trabajo: yo-yo, pelotas, clavas y aros provocaban la curiosidad de los pequeños, quienes se acercaron para intentar montar el monociclo.
La gente comenzaba a buscar un lugar sombreado para presenciar la promesa que había sido anunciada días antes en posters improvisados; los artistas salieron y se dispusieron a esperar la introducción del maestro de ceremonias, quien dio las tres llamadas pertinentes ante la sorpresa de los curiosos.
Al grito de “Tercera llamada, tercera”, los Pallazos Rodantez entraron a escena; en ambos lados de la pavimentada calle había personas observándolos, mientras algunos niños encontraron el asiento ideal en un tope que atravesaba el camino; entre muestras de la capacidad para torear automóviles y la condición física de Io para corretearlos, la función se llevaba a cargo a la perfección.
Se escucho la marcha nupcial para armonizar la escena de una pareja que se resguardaba en la sombra; la sorpresa se dibujó en los rostros con la entrada de un payaso en monociclo; una pequeña cayó en el pasto ante los encantos de Chicloso, y los malabares y ocurrencias de ambos actores divirtieron a chicos y grandes.
Pero en ocasiones la felicidad se escapa por una mala broma; así ocurríó casi al final de la intervención, cuando un niño les hizo una pesada jugarreta al intervenir y tomar la “capa” del mago chicloso quien recibió una negativa al momento de pedirla de vuelta; acto seguido el juego se convirtió en una lucha de poder que terminó dañando la tan preciada tela morada que no fue devuelta hasta que los actores representaron una huída en la camioneta.
Finalmente el pequeño rebelde cedió, pero la función no pudo continuar; “el Chino” agradeció y los payasos se retiraron ante la confusión del público y la misma Tania; con un mal sabor de boca, se resguardaron en la camioneta; después de hidratarse con refresco, se dispusieron a continuar su camino en busca de un baño y alimento.
Cubierta la primera necesidad, era indispensable buscar un lugar donde comer; los habían proveído con un pollo rostizado y tortillas, así que era el momento de comenzar el día de campo; a unos metros de una casa en San Vicente, se estacionaron y comenzaron con los preparativos: una fogata improvisada, un comal y unos chiles que les fueron facilitados, dieron pie a un banquete.
Dicen que los mejores momentos están llenos de sencillez, las comidas más preciadas de calidez, y así fue, lo que parecería una comida simple, se convirtió en un agasajo; las tortillas y chiles no paraban de pasar por el comal, aderezados con la grasita del pollo, el jugo de limón y la sal; sólo se veían manos moviéndose a lo largo de la lámina de metal y gente alrededor platicando y bromeando.
Pasado este agradable momento, una vez que todo fue recogido, era de retornar al itinerario; el reloj marcaba las 16:00 horas y el viento comenzaba a jugar con las nubes; se dirigieron a San Juanico, pero al llegar vieron que las personas salían poco a poco del auditorio después de un evento.
Hicieron un llamado para que permanecieran dentro, especialmente a los niños, quienes curiosamente se asomaban por la ventana del “camerino”; rápidamente los Pallazos se cambiaron y comenzaron a calentar: quince minutos después comenzaron el show ante un auditorio lleno.
El público se encontraba receptivo, lo que causó gran alegría a este dúo; el clic fue inmediato con unos niños y una joven, quienes permitieron que la interacción alargara e hiciera más ameno el espectáculo, tanto que cuando menos se dieron cuenta ya habían terminado y el público aplaudía.
Cambiados y listos, se dirigieron a la camioneta; una nube negra comenzaba a acercarse, pero no podían huir, pues la mamá de Tania llegaría proveniente de la ciudad de México; pasada media hora, decidieron ir en busca de la señora con la esperanza de que estuviera en el kilómetro 107.
Al llegar al esperado lugar la noticia provocó risas: minutos antes había tomado un camión e ido a San Juanico, justo el autobús con el que se habían topado en la carretera; esto hacía necesario regresar, pero el temor de lluvia que mojara las mochilas y el vestuario estuviera en riesgo, los obligó a dejar el equipaje afuera de una de las cabañas que estaban remodelando.
Un viaje rápido y en seguida Tania localizó a su mamá; durante el regreso lo único que se escuchaba en la camioneta era el tema del hospedaje, ¿dónde pasarían la noche?; con la esperanza de contar con el apoyo de don Adolfo intentaron localizarlo, pero por encontrarse en una boda no era una posibilidad.
Pasaron a recoger algunos cobertores y colchonetas y comenzaron a idear donde acampar; sin embargo, a su llegada al kilómetro 107 se encontraron con la excelente noticia del regreso de don Adolfo, quien les facilitó el acceso a dos cabañas y una rica cena.
Sentados en el restaurante, luego de una larga jornada, la plática pasaba de temas de trabajo a la vida personal de los integrantes del peculiar grupo formado por adultos, payasos y niñas; entre tortas, burritos, quesadillas, chocolate caliente y hasta filetes de pescado, disfrutaron del último alimento del día para retirarse a descansar pues el domingo también sería un día activo.

mayo 03, 2011

Asentamiento Triqui (Ciudad de México)

Este 30 de abril los Pallazos Rodantez convivieron y con niños de origen triqui una tarde de risas y diversión.
En esta ocasión el escenario fue diferente, el verde de la montaña cambió al pálido gris que tienden a portar los edificios en la ciudad; por primera ocasión, y después de dos viajes a la región triqui en Oaxaca, los payasos se presentaron en un asentamiento ubicado en la delegación Gustavo A. Madero, al norte del Distrito Federal.
Entre el calor y un mar de gente que se movía en las calles a sus respectivos destinos, arribaron en el metro; las mochilas que cargaban en sus espaldas daban la impresión de un destino lejano que los ocuparía varios días, la realidad era que tan sólo unos metros los alejaban de su destino.
Los kilómetros de distancia entre León, Guanajuato, y la ciudad de México, alejaron a Alhelí y Chio, e hicieron que en esa ocasión Io y Chicloso fueran los encargados de contagiar de alegría a los niños en su día; la celebración era por cuenta doble: el Día del Niño y el aniversario oficial de Pallazos Rodantez.
Mientras platicaban y recordaban aquel primer viaje a Oaxaca, se adentraron a un complejo departamental donde finalmente se toparon con un patio cuyas paredes decoradas hacían evidente que no habían perdido el rumbo; unos jóvenes jugando squash les dieron la bienvenida por lo que decidieron atravesar la cancha improvisada para no interrumpir el juego.
Con el aviso de su llegada se dispusieron a esperar y prepararse; entre juegos, bromas y comentarios, se podía ver salir de las fauces de sus mochilas partes de vestuario y demás elementos que utilizarían en el escenario; los niños hacían su presentación de dos en dos, y con un aire curioso e incrédulo preguntaban: “¿Tú eres el payaso?”, “No, es él” “No, es ella”, contestaban.
Los recibió el representante del movimiento en el DF, Pascual González; al tiempo que platicaban se reunió un grupo de pequeños que agarró por sorpresa a Chicloso, quien pretendía cambiarse, por lo que mientras los niños convocaban con un altavoz a que chicos y grandes bajaran a compartir una tarde con los artistas, él buscó un escondite para llevar a cabo el cambio de vestuario.
Alrededor de las 17:00 horas, con aproximadamente 20 niños más los adultos que hicieron su arribo, era momento de empezar; las naves de Pallazos Rodantez aterrizaron en medio del revuelo de los niños que se mostraban inquietos por saber qué pasaría.
Entre risas, bromas y juegos, los niños se divertían mientras los payasos tenían que torear y entablar un díalogo con un perro que ladraba al son que ellos le tocaban; aros, pelotas, clavas y monociclo se hicieron presentes para dar muestra de trucos y accidentes que Io y Chicloso saben hacer.
El show seguía su curso habitual hasta que al mago se le ocurrió desaparecer no a uno, sino a dos niños, y mandarlos hasta Rastrojo, Oaxaca, por lo que su asistente tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas y mantenerse firme hasta el momento de la reaparición.
Entre aplausos y sonrisas, los personajes agradecieron y se despidieron con un juego en el que participaron todos los niños, quienes finalmente se alejaron felices a recoger los dulces y globos que les entregó Don Pascual; así después de enseñar a quienes se acercaban intrigados por algún truco, todos se dispersaron y regresaron a sus hogares.
Por su parte, los payasos fueron invitados a comer a casa del representante del MULT, donde fueron recibidos por su familia y degustaron un rico plato de carne con papas en salsa roja mientras platicaban sobre diferentes anécdotas y planes.
El tiempo voló y al darse cuenta el reloj marcaba las 19:00, era el momento de marcharse a cumplir con otros compromisos; agradecieron la invitación y el trato recibido y se encaminaron a seguir su camino en el transporte favorito de muchos: el metro.
Sus siluetas se fueron perdiendo entre las muchas otras que abordaban los vagones en dirección desconocida, pero las sonrisas no se apagaban y la felicidad de continuar escribiendo historias de alegría a un año de iniciado el proyecto era evidente.

enero 14, 2011

Comienza un 2011 lleno de actividades

Comienza el año y con él grandes proyectos y muchas metas por cumplir para Pallazos Rodantez; un periodo lleno de actividades, sumados al enorme deseo de seguir creciendo y llegar a más lugares de los alcanzados durante el 2010, son la mezcla perfecta con la que recibieron a el 2011 que recién comienza.
La alegría y entrega siguen siendo característica de esta asociación que muy pronto cumplirá su primer año de gestión; la prueba fue su animada participación en el Festejo del Día de Reyes de la Fundación del Dr. Simi que se llevó a cabo el día 12 de enero al sur de la Ciudad de México.
Invitados por la fundación, dieron un pequeño show que despertó las miradas de curiosidad y sorpresa de los pequeños invitados; con el espectáculo de “Los Magios”, aquellos que hacen magia provocaron las risas de chicos y grandes, quienes se encontraban sentados frente a un gran escenario.
El evento dio inicio a las 15:00 horas en las instalaciones de la fundación José María Álvarez, y reunió aproximadamente mil niños en situación vulnerable, quienes disfrutaron de las actividades programadas para consentirlos; entre consultas médicas, análisis gratuitos y estantes de “pinta caras”, corte de cabello y juegos de destreza, los chiquillos disfrutaban sus regalos.
Asimismo se deleitaban el paladar con rosca de reyes, tamales y frituras mientras observaban y escuchaban las participaciones de cantantes como Cristal y la ex académica Toñita, además del show de los payasos “Payacocos”.
Durante el festejo que corrió bajo la conducción del actor Ariel López Padilla, se realizaron varias rifas entre cada una de las participaciones de los artistas, cumpliendo con el objetivo de la fundación que forma parte del grupo Por un país Mejor, de lograr esbozar mil sonrisas infantiles.

diciembre 17, 2010

La recta final

Días 10 y 11
La recta final para Pallazos Rodantez se sintió a partir del miércoles 8 de diciembre; la visita a comunidades triquis comenzaba a ver su fin, reflejado en la disminución de la actividad para esta Asociación.
Ese mismo día cumplieron el compromiso adquirido de regresar a Santa María Pueblo Nuevo, donde días antes los partidos de basquetbol impidieron su participación; con un abundante desayuno de sopa de fideo con frijol, tortillas y leche, se alistaron y subieron las cosas en el que en esa ocasión sería el vehículo oficial de Pallazos Rodantez: la camioneta verde de Alfredo.
Adelante iban Alfredo como conductor y Carlos en el lugar del copiloto; atrás Alhelí, Iván y Rocío acompañados por Hilario, Rigo y Memo para evitar una caída; arribaron al lugar alrededor de las 10:30 de la mañana; el camino cerrado por las carreras de caballos que tendrían lugar por la tarde, los obligó a dejar la camioneta metros atrás del sitio donde se llevaría a cabo la función.
Una cancha de basquetbol les daba la bienvenida; al fondo, rodeada de un amplio jardín, se encontraba la iglesia donde transcurría la misa efectuada en correspondencia a la fiesta del pueblo; mientras, ellos aguardaban la recepción de las autoridades, la cual se dio con total aprobación a su labor.
Una vez que la ceremonia religiosa llegó a su fin, la invitación a almorzar era abierta, y aún con el estómago lleno, los actores no se resistieron a probar la "masa de chivo" hecha a partir de maíz, salsa roja y carne de borrego.
El sol comenzaba a quemar, y aunque todo parecía indicar que la presentación no se llevaría a cabo; después de haber comenzado un par de dinámicas con los niños, la tercera llamada se dio cuando todos los asistentes terminaron de comer.
Pequeños sentados bajo un techo de concreto y adultos descansados observaban el show que los hizo reír cuando las sillas colocadas como soporte de un niño desaparecieron, y aparecieron tres payasos debajo de él; transcurrido el espectáculo, y con una dinámica más para los pequeños que los aclamaban, dijeron adiós, no sin antes refrescarse con una bebida y nieve de vainilla y coco patrocinada por Rocío; la curiosidad la despertó un extraño postre acostumbrado en el lugar: un sándwich hecho con pan de caja blanco y helado.
La tarde transcurrió con la invitación una fiesta; ya en la noche, Alhelí, Carlos, Iván y Rocío, decidieron admirar las estrellas recostados en el patio del sitio que les daba asilo poco antes de dormir.
Al día siguiente una sorpresa los esperaba en San Miguel Copala, en el municipio de Putla (comunidad que se había dejado en espera como respeto al duelo que vivían por el reciente fallecimiento de un profesor), quien los recibió, si bien con los brazos abiertos, también con cierto recelo.
Unos 50 niños se ubicaron en las gradas de la cancha del zócalo de la localidad; algunos adultos tomaron posición bajo la sombra de algún árbol; sin embargo, la inquietud de los pequeños fue evidente desde el primer momento.
La presentación transcurría sin ningún cambio: un acto de monociclo recién ideado por Chío y Chicloso auguraba un buen momento... minutos más tarde el show se acortó por la excesiva energía convertida en agresividad que demostraba su pequeño público; con el deseo de evitar una situación problemática, se entregaron hasta donde la barrera impuesta por la actitud algo violenta de algunos, les permitía.
Agradecieron y se retiraron; el agente de lugar les ofreció un refresco y una botana para el camino; se acomodaron en la camioneta y se dirigieron hacia Río Venado, donde una visita al río los esperaba.
Ya en el albergue, se cambiaron de ropa, y se dispusieron a quitarse el calor que los agobiaba en el río; acompañados por el profesor Sergio, Hilario y Rigo, disfrutaron de una hora de agua helada y juegos; encontraron piedras de formas peculiares, y se quitaron el temor a la corriente; más tarde, ya secos, fueron al comedor donde unas ricas verduras con papas y huevo los aguardaban.
La nostalgia comenzaba a sentirse, pero el cansancio también; producto de éste, y de los síntomas de gripa que comenzaban a surgir en algunos, y que tomaban fuerza en otros, las ganas de continuar con la tradición de una reunión nocturna no eran muchas; alrededor de las 22:00 hrs. Carlos despertó a Iván para que se fueran a su habitación.

Fiesta en Lázaro Cárdenas

Día 12
Ser considerados dentro de los espectáculos correspondientes a la fiesta de la comunidad de Lázaro Cárdenas fue un honor y un merecido cierre para el recorrido que Pallazos Rodantez realizó alrededor de dieciséis comunidades pertenecientes a la región triqui en Oaxaca.
Desde temprano estaban en pie, con una mezcla de sentimientos que generaba confusión; un plato de sopa de fideo y lentejas, acompañado con unas “pequeñas” quesadillas hechas con quesillo, les imprimió una sonrisa ante el inminente final que no era más que el principio de la consolidación de un proyecto que empezó como un sueño de grandes aspiraciones y que ha ido creciendo a pasos agigantados.
Cambio de vestuario, dientes limpios, y todos listos para comenzar el viaje; se acomodaron en la camioneta, en esta ocasión únicamente iban acompañándolos Alfredo y Rigo (Hilario los alcanzaría, y Memo, por vivir en ese lugar, ya se encontraba allá); en esta ocasión el silencio imperó en la parte posterior de la camioneta, las chicas, quienes habían estado muy animadas y cantarinas en los viajes anteriores, callaban, interrumpiendo con algunas breves conversaciones.
El camino no era largo, pero sí cuesta arriba; en menos de una hora ya se encontraban en uno de los escenarios principales del festejo: la iglesia.
Mientras los entrenadores planeaban en qué momento comenzaría su participación, además de organizar su equipo para el torneo de básquetbol que se llevaría a cabo, arribó al lugar Hilario; decidieron bajar hasta la cancha para que los payasos realizaran su número antes de que iniciara la reta programada.
Antes de la presentación, el repelente salió a escena para evitar que los moscos los devorarán; unos niños atentos y ya conocidos por los “clowns” subieron a la camioneta, mientras otros comenzaban a tomar un lugar bajo la sombra; los artistas se acercaron al escenario, y antes de dar la tercera llamada, decidieron hacer un juego de palabras interno para avivar las neuronas; un mensaje para tomar fuerza y brindar todo en el último show los inspiró a salir con todo el ánimo.
Y así entregaron el alma; los niños correspondían con sonrisas, y los adultos con aprobación; la cancha de terracería impedía que las llantas de los monociclos giraran adecuadamente, pero el espectáculo no paró; todos los elementos parecían saber que era su último momento de lucir en escena, y lo hicieron: el yoyo, las clavas, los aros y las pelotas deslumbraron; detrás de ellos, Alhelí, Chío, Chicloso e Io daban lo mejor de sí.
Después del acto de un tétrico mago acompañado por un inocente y torpe asistente, agradecieron no sólo a Lázaro Cárdenas, sino a la Unidad Deportiva del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui por haberles permitido llegar hasta dieciséis hermosos lugares donde los recibieron con sinceras sonrisas que les hicieron reforzar las razones para emprender cada uno de los viajes que realizan como Pallazos Rodantez.
Refrescos para todos, fue lo que recibieron; una saludable botana compuesta de coco y un par de helados antes de cambiarse para poder ver el duelo entre el equipo de sus amigos entrenadores compuesto por: Alfredo, Hilario, Memo, Rigo y Wenceslao, y otro equipo local: por primera vez en 11 días les tocaría estar del otro lado de la cancha.
Se ubicaron bajo la sombra, y comenzaron a echarles porras; el resultado no fue el deseado, pero tenían la esperanza de recuperarse en el siguiente partido; mientras tanto, era el momento de ir a comer, así que su anfitrión (Memo), los encaminó por una elevada colina hasta el lugar donde los encargados de la alimentación durante la fiesta los recibieron con un rico y picoso caldo de res coronado con una gran pieza de carne, y totopos.
Después de tan rica comida, agradecieron y bajaron nuevamente a la camioneta donde Memo los invitó a ver una película a su casa en lo que comenzaba la quema de diablitos, el castillo, y el esperado baile.
Transcurridas un par de horas en las que la promesa de ver zombies en una película que figuraba bajo ese nombre, no se cumplió, se abrigaron y bajaron nuevamente a la cancha a presenciar más partidos de básquetbol, y posteriormente se ubicaron afuera de la iglesia para poder admirar el espectáculo de cuetes.
El frío calaba los huesos; el temor a ser quemados los hizo alejarse cada vez más de los fuegos artificiales; cuando llegó la quema del castillo, la distancia entre los payasos y la estructura era grade. Pasado tan peculiar tradición, sólo restaba esperar el comienzo del baile; transcurrían las 20:30 horas, sólo faltaba media hora; el tiempo fue ocupado por sus guías para explicarles la dinámica que se sigue en esas ocasiones.
Los caballeros escuchaban atentamente cómo para poder bailar con una dama debían pagar $50 pesos, lo cual les daba el derecho de bailar toda la noche; la mujeres no pagaban, así que Rocío y Alhelí se alegraron profundamente, ya que eran quienes mostraban un profundo deseo de bailar; la mesa tenía un costo de $40, pero por ser Pallazos Rodantez, fue gratis; aunque la regla indicaba que para bailar tenían que pagar, a partir de las 12:00 am, cual hechizo de Cenicienta, la entrada a la pista se convertía en libre.
Es bien sabido por todos que estos seres son de alma festiva y juguetona; disfrutan hacer travesuras y volver locas a las personas, de tal manera que Carlos e Iván sonsacaron a Alfredo y Rigo para que bailaran sin pagar, corriendo de las personas que cobraban el pago correspondiente.
Entre juegos, bailes y risas, el tiempo pasó volando, y preocupados por la seguridad del camino de regreso, decidieron emprender el viaje alrededor de la 01:00 a.m.; Memo los alcanzó para informarles que les estaba consiguiendo unas cobijas para que se quedaran en uno de los salones de la escuela; sin embargo, la necesidad de poner orden en sus maletas y habitaciones antes de regresar a la ciudad de México, lo hizo rechazar la invitación.
Cansados y con frío viajaron viendo las estrellas; minutos más tarde se encontraban en el albergue comenzando con un primer acomodo de mochilas antes de dormir.

Regreso a Casa

Día 13

El único día cuyo itinerario se sabía desde el principio llegó; las emociones oscilaban entre la duda por permanecer en ese mágico lugar que les dio tan buenos momentos, y el deseo por regresar a sus hogares, donde cada una de las familias, amigos y parejas, anhelaban su regreso tras días de preocupación por la poca comunicación que había caracterizado esas dos semanas.
El sábado amaneció frío y sin agua; a las 6:30 a.m. Iván ayudaba a acarrear cubetas de agua al cuarto de las chicas para poder calentarla y tomar un baño antes de enfrentarse a una despedida; el albergue vacío acrecentaba la baja temperatura que empezaba a ser parte de los días; en la cocina nadie, todo comenzaba a tomar el ritmo normal.
Minutos más tarde el profesor Sergio les avisó que en unos minutos el desayuno estaría listo: él mismo, ayudado por Alfredo, se encargó de prepararlo; mientras tanto comenzaba a haber movimiento en las habitaciones: colchones subían, bajaban y cambiaban de sitio para dejar ordenado el lugar que los albergó; las escobas bailaban de un rincón a otro; las cobijas se acomodaban nuevamente en su lugar de descanso.
Todo listo: camas ordenadas, mochilas arregladas, todo y todos limpios y preparados; “pasen a desayunar”, les informó el profesor. En el comedor los esperaban platos con huevo, atún con mayonesa, tortillas, chiles en vinagre y pan tostado; la charla se alargó el tiempo suficiente para compartir experiencias, vivencias y anécdotas que dieron parte del lado más humano de los comensales.
Aunque un día antes les habían informado que al día siguiente regresarían a Lázaro Cárdenas, el sábado se desmintió tal plan, invitándolos a disfrutar una jornada de esparcimiento donde ellos desearan; su elección fue la cascada ubicada en Río Metates. Alfredo fue su guía en esa última visita a tierras triquis; unos niños, los anfitriones perfectos, quienes los acompañaron durante su estancia en tan bello sitio; el camino era largo entre maizales, después una bajada por un camino lodozo entre arbustos, hierbas, para finalmente llegar al río que conducía a la cascada; la travesía provocó el arrepentimiento de Iván, quien decidió llevar su monociclo para probar que podía bajar por terrenos rocosos, prueba que no pudo realizar por la ausencia de éstos.
Entre piedras, agua y accidentes que trajeron consigo más de un pie mojados, lograron llegar a la cascada: ahí encontraron no sólo una hermosa vista, sino una sentimiento de paz y conexión con la naturaleza; un largo rato de tranquilidad, juegos en el agua, y más piedras descubiertas, tuvieron su fin con el retorno a la camioneta y al albergue.
A su llegada a Río Venado los esperaba una sorpresa: Maricela, una de las jovencitas que habita ese lugar, había llegado con los morrales que al inicio de su viaje ellos le habían encargado; morrales hechos por las manos de la madre de diez hijos, cuatro de las cuales se encuentran estudiando el tercer año de secundaria con la esperanza de poder continuar sus estudios.
Después de un breve conflicto por los colores de los bolsos, Alhelí, Iván y Rocío decidieron enfrentarse al equipo conformado por el profesor, Maricela y su hermana, en un partido de futbol soccer, mientras Carlos terminaba de arreglar sus cosas y la habitación; el agobiante sol quemaba y los agotaba, pero no les quitaba las energías para seguir en un apasionado juego; poco después tuvieron que detenerlo pues la comida, preparada por la hermana de Alfredo, había llegado.
Disfrutaron de los últimos alimentos típicos de la región: lentejas, huevo con papas, tortillas y una rica salsa; la plática que marcaba el final del viaje también tomo asiento, mientras afuera el sol comenzaba a ocultarse y la temperatura a disminuir.
Las propuestas hechas en varias ocasiones durante el viaje volvieron a salir de los labios del profesor Sergio: “quédense unos días más” descansar, trabajar, proponer y realizar algunos talleres eran parte de las opciones; la idea era tentadora, sin embargo había un plan establecido, y el deseo de entregar algo planificado en caso de aceptar una oferta de ese tipo, era un compromiso.
Llegó el momento de tomar las mochilas, morrales y demás artículos, cerrar los cuartos y salir al patio donde ya los esperaba la camioneta blanca que los recibió; se despidieron con el deseo expuesto de regresar muy pronto, de ser posible tres veces por año; quizá un encuentro en Saltillo a principios del próximo año, pero lo único seguro era que se concluía un ciclo y con él se fortalecía un lazo entre la Unidad Deportiva del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (UDMULT) y Pallazos Rodantez.
Bajo la conducción de Octavio y con la compañía de Hilario y Alfredo, se dirigieron a Putla para tomar el autobús; a las 19:45, después de algunas vueltas para encontrar el sitio correcto, se despidieron y agradecieron a los jóvenes entrenadores por todo el apoyo provisto.
Restaba una hora para partir; antes unas cuantas provisiones obtenidas en una tienda cercana: dulces, frituras, galletas y agua; se sentaron en las bancas de la pequeña terminal de autobuses, y vieron una película antes de abordar el autobús; minutos más tarde, después de ir al baño con la amenaza de que dentro del vehículo no había, subieron al que los llevaría de regreso a casa.
Diez horas de viaje después en un camión con fugas en las ventanas; superado un retén militar, y el frío invernal, se enfrentaron con la mínima temperatura de la ciudad; el momento de separarse había llegado.
La experiencia fue entrañable, ver entregar el alma a cuatro seres que transforman en segundos realidades fue maravilloso; mientras planeaban lo que harían el resto del día, el ojo espía agradecía en silencio por permitirle ser parte de algo que sólo viviéndolo se puede entender, pero sobre todo de darle la oportunidad de compartirle al mundo lo que un sueño hecho con amor puede lograr; “nos vemos pronto” fue lo único que mi voz pudo pronunciar mientras me separaba de mis compañeros de viaje, cómplices de vida.

diciembre 16, 2010

El reencuentro de cinco almas

Día 7
Tras seis días de labor, el reencuentro tan esperado y deseado se logró: se completó el equipo de Pallazos Rodantez.
Con once horas de viaje (más cinco de León a la ciudad de México, que una de las integrantes realizó) llegaron a Putla Villa de Guerrero, en el estado de Oaxaca: Alhelí y Carlos, provenientes del Distrito Federal el domingo 5 de diciembre.
La reunión fue entrañable; entre abrazos y frases como: "los extrañamos", "ya queríamos estar aquí" y "cómo les ha ido", se encaminaron a completar la labor que una semana atrás habían comenzado Chío y Chicloso.
Su primer parada no fue una comunidad como tal, sino a la plaza que acostumbra cubrir el centro del municipio que los recibió los domingos de cada semana; ahí se encontraron con un escenario común en ese tipo de mercados, abundantes México: la mezcla de frutas y verduras, panes, platillos típicos, y demás productos de la región; además de ropa y otros enseres importados.
Tras un breve recorrido, cumplida la visita al baño, y abastecidos con lo que les hacía falta, se subieron a los vehículos asignados: un taxi particular para las mujeres y transporte comunitario para los hombres; así lograron llegar a Paso de Águila, Santiago Juxtlahuaca.
En el lugar ya los esperaban reunidos bajo la sombra de un árbol varios niños; los payasos ingresaron a la comisaría para prepararse. Se vistieron, caracterizaron y organizaron; una charla de preparación oficializó el reencuentro: recordaron las razones de estar ahí; adaptaron el show de dos a uno de cuatro; y se desearon el mejor de los momentos.
A pesar de lo bello del instante, los pequeños ansiosos reclamaban su presencia, y al grito del recién instaurado lema: "rodando en alegría", salieron a escena. Nuevamente la cancha de basquetbol sirvió de escenario, y la entrada corrió a cargo de Chío y Chicloso, con la breve inserción de los recién llegados.
El rápidamente adaptado espectáculo provocó grandes sonrisas y risas sonoras; los pases de yoyo entre Io y Chicloso, una mosca traviesa que molestaba a la de por sí nerviosa y asustada Alhelí, y la novedad de las clavas, consolidaron el show.
Las dinámicas continuaron, y con la foto del recuerdo se retiraron a su camerino improvisado donde los recibieron con un almuerzo consistente en tortillas, huevo y frijoles, acompañados con un refresco.
Con el estómago lleno y el alma satisfecha, se encaminaron a la siguiente comunidad; sin embargo, a su llegada a Santa Maria Pueblo Nuevo, los planes cambiaron: la presentación que ofrecerían en medio de los partidos de basquetbol se canceló, pidiendo su participación para otro día.
Con las ganas al máximo, se acercaron a Llano Nopal, donde los niños los aguardaban; mientras los actores descargaban sus cosas, los pequeños se acercaron a rodear el taxi; minutos más tarde y con la manta que los identifica: comenzó la función.
Un show más consolidado tuvo favorables consecuencias; la presencia del mago generó emoción, igual que la entrada de los monociclos, y un intrépido personaje que tiene toda la intención de reventar globos con un cuchillo.
Los logros se vieron nublados por un juego de pelotas fallido, que los hizo tomar la dura decisión de cancelarlo y cambiarlo por dinámicas; tras unos minutos de juego y espera a los chicos que compartirían el transporte con ellos, se dirigieron descansar al albergue.
Una rica cena dio la pauta para una reunión en el cuarto de los muchachos que se transformó en una ceremonia.
Todo comenzó como un momento de esparcimiento: reunidos escuchando música y arreglando las cosas para acomodar a dos en el cuarto que había sido refugio de uno; en cuestión de minutos todos estaban sentados en las camas platicando, de pronto se escuchó la voz de Carlos que tenía algo importante que decir.
Apareció en escena una funda con el logo de Pallazos Rodantez; cambió la música y puso una canción especial pidiendo a sus compañeros que pusieran atención a la letra: el rostro de cada uno de ellos se iluminó; enseguida les proporcionó una vela y les compartió unas palabras con la esperanza de que ellos le brindaran otras; les entregó tres insignias a cada uno de ellos, para que las pusieran donde quisieran; se hizo oficial, ya no eran tres, la familia acababa de crecer a cinco.
A partir de ese día, de ese mágico momento, Pallazos Rodantez estaba conformado por: Carlos, Iván, Alhelí, Rocío y Marisela; el compromiso lo asumieron dos personas más, y lo reafirmaron con el mismo amor que la primera vez quienes comenzaron al lado de Carlos este proyecto.
La charla se prolongó por un rato más, hasta que poco a poco se fueron despidiendo y las mujeres se retiraron a su habitación; lo que pasó en el espacio que originalmente es una oficina, sólo lo sabrán ellos; todas las palabras que se dijeron, cada uno de los detalles quedaron ahí, en esas cuatro paredes, en cinco pares de oídos, en cinco corazones que laten fuerte por un mismo sueño; lo que pudieron leer es sólo un esbozo de lo que realmente pasó, pero que debe quedar sellado para conservar la magia que el misticismo le provee.

El regreso a Río Venado

Día 8
Los Pallazos Rodantez llegaron a las escuelas de Río Venado. Tras un día de intensas emociones, y aún cuando ya habían realizado una presentación en esa comunidad, regresaron: ahora con cuatro elementos.
La secundaria y primaria locales, fueron sedes de dos espectáculos realizados con corazón, pasión y fe por Alhelí, Chicloso, Chío e Io.
Arribaron a la primera alrededor de las 10:15, después de que los chicos, con quienes compartían el albergue (en el que viven de lunes a viernes, provenientes de diferentes comunidades, como una oportunidad de continuar sus estudios, y donde se les da techo y comida), tomaron su almuerzo y se reunieron alrededor del patio.
"La locura", como llaman a la entrada que realizan los cuatro con cajas de cartón que hacen pasar por naves, hizo su aparición en el plantel y provocó aplausos y risas, mismas expresiones que se repitieron a lo largo del show, especialmente durante la boda improvisada por los actores.
La función dejo un agradable sabor de boca tanto a los espectadores y autoridades, como para los “clowns”; sin embargo, los silbidos de los hombres causaron inquietud en las payasitas, sentimiento que se despejo con las palabras que el director dirigió destacando su labor y la importancia de promover no sólo la ciencia, sino también el arte entre los alumnos, cuando los invitó a pasar a su oficina.
Con un público cautivo y a la total expectativa, llegaron a la primaria de la comunidad, donde el show se vio obstaculizado por algunos niños que habían tenido oportunidad de verlos en la presentación que realizaron el miércoles 1 de diciembre en esa misma localidad.
Aunque no del todo satisfechos, concluyeron su participación con dinámicas y agradecimientos; repartieron los dulces que el UDMULT les proporciono entre un caos como el que provoca el bolo en un bautizo y dieron por finalizada la actividad del día, con toda una tarde por delante que auguraba ser de relajación y diversión.

Yosocañú, comunidad mixteca

Día 9
Gran día para Pallazos Rodantez; en un segundo intento lograron presentarse en San José Yosocañú, perteneciente al municipio de Constancia del Rosario, con una excelente aceptación de estudiantes de diferentes niveles (el primer intento ocurrió una semana antes).
A su arribo, y ante la ausencia de la autoridad, fueron recibidos por los representantes, quienes con cierta desconfianza aceptaron la propuesta de un show a cargo de este grupo de “clowns”
Fueron guiados en primer lugar a la preparatoria local; un amplio espacio con un único grupo formado por los estudiantes de una comunidad mixteca inserta en una región triqui como parte, según se informó a los payasos, de un acuerdo con los dirigentes para su asentamiento.
El espectáculo dio inicio ante la mirada atónita del público que no sabía como reaccionar; la entrada de diferentes transportes representados por cajas de cartón, malabares con aros y la irrupción de dos monociclos, dieron pie a una buena interacción con los espectadores.
La presentación continuó con grandes carcajadas apoyadas por los profesores; una hora más tarde, con las palabras de agradecimiento de los académicos, y una dinámica para desestresar a los alumnos quienes comenzarían su periodo de exámenes, concluyó la función para continuar el camino al siguiente recinto.
Ante lo premeditado de su llegada, la aceptación de los directores tanto de primaria como secundaria fue tardada y a cargo de la Unidad Deportiva del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui; sin embargo, lograron juntar a ambas escuelas con un resultado de aproximadamente 200 niños y jóvenes dispuestos a divertirse.
El sol quemaba los rostros de los payasos, pero las ganas de complacer al público cautivo eran mayores, así que dio inicio el show que tuvo una duración de poco más de una hora en la que la beisbolista recién llegada, interpretada por Chío, y la malicia por matar una mosca de Alhelí, arrancaron las risas de los estudiantes.
Un show mágico, con un jardín repleto de estudiantes, fue el final deseado para un día lleno de emociones; más tarde, una paleta de hielo refrescó a los actores antes de comenzar el camino al albergue.
A pesar de que sus corazones ya iban cargados de mucha alegría, lo que les brindó una sobredosis de fuerzas fue la grata sorpresa que se llevaron durante su trayecto de vuelta, cuando unos niños de una comunidad que días atrás habían visitado, comenzaron a cantar el "alele quitatonga"; de cerro a carretera se intercambiaban los gritos: los Pallazos se sorprendieron de la huella que habían dejado en aquellos pequeños que sólo una vez escucharon la melodía; la inspiración se elevó una vez más.
Al llegar a Río Venado estaban más que felices; comieron, tomaron un baño y se reunieron en la habitación de las chicas para platicar sobre las funciones del día y otros temas; la tertulia comenzó: al fondo música que acompañaba algunos juegos que les permitieron conocerse un poco más, dejaron atrás por unas horas la labor, para preocuparse por los seres humanos.
Entre bromas, confesiones y carrilla, la amistad se veía crecer de la misma manera que el cansancio; después de un rato, los chicos abandonaron el cuarto y permitieron que las mujeres descansaran para ellos hacer lo mismo.

diciembre 15, 2010

La Sierra Oaxaqueña cambió de color

Día 4
El verde que acostumbra colorear estos lugares adornados por una perfecta vegetación que le provee una humedad natural, se vistió de colores.
Uniformados con playeras amarillas llegaron los Pallazos Rodantez a dos comunidades alejadas de la capital Oaxaqueña y del municipio que las contiene: Santiago Juxtlahuaca.
En lugares donde el calor es fuerte; donde el sol calienta y encuentra su apogeo desde las 8 de la mañana, Chío y Chicloso hallaron su escenario en las canchas de basquetbol de las primarias regionales.
En esta ocasión llegaron a imponer un ambiente de alegría en las comunidades de Cerro Cabeza y Cerro Pájaro, pertenecientes a la región triqui baja del estado de Oaxaca; entre el calor y el polvo fueron recibidos con ánimo por los alumnos y profesores.
Primero tocó a Cerro Cabeza, donde los pequeños de primaria disfrutaron los trucos que
Chicloso realizó con el yoyo chino, aunque mayor fue su gozo al ver la cara de susto del payaso cuando le pusieron un saltamontes en su vestimenta, insecto que sirvió de juego durante gran parte del espectáculo; entre trucos de magia, globos, pelota y corretizas para alcanzar a aquéllos que después de unos minutos perdieron el temor a tan peculiares personajes; con unos XV años recreados a través de papel periódico, el show terminó como si hubiera durado un instante.
Un agradecimiento, la adición de una dinámica de canciones a los ejercicios ya establecidos de juego con pelotas; el grito unísono de los nombres de los Pallazos Rodantez, y un hasta luego cerraron una presentación ante un público receptivo.
Kilómetros más tarde Cerro Pájaro los recibió con los brazos abiertos; una cancha de terrecería fue el escenario; un sol radiante, el reflector que marco el inicio de un nuevo show.
En esta ocasión Chío fue la sensación; alrededor de la pareja clown se colocaron diferentes tipos de espectadores: frente a ellos, los niños; a un costado los adultos que se acercaron a apreciar el show; del otro lado un grupo de adolescentes, principalmente hombres que disfrutaban viendo la actuación de Rocío.
Todo transcurría de la manera deseada, hasta que un mago despistado provocó el llanto de una pequeña que se asustó al verse elevada en una silla que Chicloso había decidido hacer volar; un aterrizaje forzoso y el cambio de voluntaria fue la solución; miradas atentas disfrutaban la forma en que los payasos se robaban las pelotas para hacer malabares con el deseo de ser el foco de atención; la caótica aparición del periódico que fue una atracción para los espectadores, y una petición de soltarlo para que se pudiera continuar con el espectáculo, dieron fin a su participación.
Reunidos en un círculo en medio de la cancha se veían volar esferas de colores por el aire; poco después se escuchaba a todo pulmón el “alele quitatonga”; finalmente un “Gracias” en español y triqui para el agente de la comunidad y para la UDMULT, dieron paso al momento de saciar la sed y comenzar el regreso al albergue.
Igual que la sed, el estómago quedo satisfecho una vez que llegaron a Río Venado; “barriga llena corazón contento”, un baño, y era momento de hacer más pelotas. La meta se fijó en 300 ; comenzaron los tres, más tarde se unieron a la labor Sebastián, Memo y unos niños del albergue; entre pláticas y música el tiempo se fue volando, pero cuando faltaba menos por llegar al número deseado, el Pet se terminó; los entrenadores se retiraron a su cuarto mientras los payasos permanecían contando pelotas y platicando.
Minutos más tarde llegó la hora de partida de Rocío, quien se fue a su habitación a descansar para poder tener energía para el día que comenzaría.

Fin de Semana de fiesta

Días 5 y 6
En el marco de las fiestas correspondientes al mes de diciembre en Oaxaca: Pallazos Rodantez no paró de trabajar; siguiendo por la ruta que los llevó a recorrer diferentes comunidades triquis en un espacio planeado para dos semanas, el trabajo era arduo; el deseo por llegar al mayor número de lugares en el corto tiempo que estarían ahí, los obligó a abarcar más de una comunidad por día.
En un fin de semana de semana lograron visitar seis comunidades: Río Lagarto, Río Humo, Pino Suárez, Cruz Chiquita, Paso de Águila y Llano Nopal, todos pertenecientes al municipio de Santiago Juxtlahuapan; el ambiente se encendió con la alegría de los niños.
El viernes 3 de diciembre subieron a Río Lagarto, a unos minutos de Río Venado, donde fueron recibidos por casi una treintena de chiquillos que esperaban el show; ante la ausencia de clases ese día poco a poco fueron llegando los espectadores, y se ubicaron bajo el resguardo de la sombra de un sol, que a las 10 de la mañana era muy radiante; unos minutos más tarde los Pallazos comenzaron.
Una nueva canción en el repertorio de Chicloso hizo bailar no sólo a Chío sino a los asistentes; entre un león que se hizo pasar por conejo; una cabra que creyó ser burro, y unos quince años muy prematuros, los aplausos alentados por los mayores no se hicieron esperar.
El dinámico juego de "alele quitatonga" hizo retumbar la cancha, mientras la voz se quedó entre los cerros a modo de recuerdo.
Más tarde fue el turno de Río Humo, donde un número similar al de la comunidad anterior recibió a esta Asociación; el sol hacia sudar las frentes de ambos payasos; sin embargo, aunque el sudor llegaba a sus ojos, no logró empañar su entusiasmo para sacar las risas escondidas detrás de rostros serios.
Mujeres y hombres disfrutaron igual que los niños de un espectáculo que se caracterizó por las caídas de Chío al intentar subir a su monociclo, y de Chicloso cuando decidió tomar asiento en una silla móvil tras un síntoma de cansancio; la jornada terminó con pelotas de malabares volando efusivamente por toda la cancha.
Al amanecer el día sábado se predecía largo y de viajes cansados para llegar a los destinos asignados: Cruz Chiquita y Pino Suárez; éstas ubicadas a distancias similares en kilómetros, aunque lejanas por tener que tomar caminos diferentes, obligando a dar una larga vuelta para llegar a cada una de ellas; se dirigieron primero a Cruz Chiquita.
Con dos horas de camino a través de un majestuoso paisaje arribaron acompañados de Hilario y don Genaro (papá de Rigo); con una obra de construcción al lado de la cancha, Pallazos Rodantez dispuso del escenario a lo largo, como mejor convenía al público que se resguardaba de los rayos del astro sol bajo un techo; sentados en el suelo se observaban niños, mujeres con hermosos y rojos huipiles, y en una especie de pequeño pasillo entre pared y pared, dos jovencitas que se escondían de la audacia de los payasos.
Una pequeña robó el corazón de los artistas con su sonrisa y picardía; la inocencia con que se acercaba los hizo desvariar; absortos en el juego inherente a una pelota de playa, los chiquillos no midieron la fuerza y, en una lanzada, no sólo tiraron a Chicloso, sino también hicieron volar sus lentes, que terminaron extraviando una de sus patas.
El show continuó; minutos después Chío ayudó a reparar los lentes de su compañero, y entre risas contenidas y expuestas finalizaron rodeados de niños que cantaban y jugaban; ¡whisky!, clic y la foto lista; rápidamente se subieron al taxi para comenzar un nuevo camino.
Para evitar el tedio que un largo viaje en carretera suele provocar, y con el deseo de mantener el ánimo, Iván retomó la transmisión de un programa de radio ficticio que horas atrás había comenzado; de pronto, mientras mantenía al tanto a los “radioescuchas” de lo que ocurría durante su traslado, el automóvil se detuvo y fueron invitados a bajar para ver de cerca una pequeña cascada situada a la mitad del camino.
Después de tomar fotos con todas las poses que se les ocurrieron, continuaron su camino hasta Pino Suárez; una decisión equivocada al elegir la desviación, hizo dudar al conductor sobre lo acertado del camino; una pregunta y ya estaban nuevamente orientados.
Al llegar al segundo destino del día, ambos quedaron maravillados por la belleza del lugar; como salida de un cuadro apareció una pequeña comunidad de un número limitado de habitantes, con casas sencillas salpicadas sin un orden específico; el tono verde que coloreaba el lugar y la maravillosa vista rodeada de árboles que trae consigo lo más alto de la montaña, completaban la imagen que no es posible ver todos los días.
El sol aún brillaba, pero ya no quemaba los rostros; la cancha vacía, frente a ella algunos niños, adolescentes y mujeres; colocaron sus herramientas de trabajo, solicitaron las sillas que les hacían falta para poder comenzar, y se dispusieron a dar la tercera llamada.
Bastó con el pedaleo al monociclo para provocar una sonrisa, un aplauso; pero fue el ver a Chicloso siendo cargado por Hilario lo que hizo soltar las carcajadas. No sólo las madres, también las abuelas los acompañaban en su presentación, y no dudaban en hacer notar su gozo; únicamente un asistente prefirió dar la espalda a los actores, ni siquiera la insistencia y el deseo de Chicloso por compartir un bombón con él hizo que un perrito jugara con ellos.
Entre confeti y periódico; con yoyo, pelotas y aprendices de mago, estos “clowns” demostraron que la edad no es impedimento para reír y ser felices; confirmaron que aún los más grandes pueden disfrutar de la actuación de un par de payasos, aunque a estos siempre se les relacione con los más pequeños.
Se despidieron al grito de “Gracias”; después de haber sido devorados por los moscos, y de deleitarse con un dulce de calabaza con arroz que gustosamente les ofrecieron, tomaron su lugar una vez más en el asiento trasero del automóvil; en la cajuela: dos monociclos, instrumentos para malabares, y un costal con plátanos recién cortados, regalo de los habitantes de Pino Suárez.
Era el momento de regresar a Río Venado; antes una parada en Santa Cruz Pueblo Nuevo, donde se estaba llevando a cabo un torneo de basquetbol como parte de los festejos de la población; después de disfrutar un par de encuentros, continuaron su camino hacia el albergue.
La transmisión del programa de radio dirigido por Iván concluyó y dio paso a una serie de historias de terror que pusieron al filo del asiento a los ocupantes del coche; un grito de Rocío, y el susto de todos al encontrarse con unas personas en la oscura carretera, provocó no sólo un temor momentáneo, sino un miedo que les duraría toda la noche.
Pasaban de las 8 cuando llegaron a su hogar provisional; la cena los aguardaba: un rico caldo con un gran trozo de carne de res y verduras acompañado por tortillas y un vaso de leche, los dejó satisfechos y con el deseo de dormir.
El silencio ocasionado por la ausencia de los niños, quienes habían regresado con sus familias, era ensordecedor y llenaba el espacio; el valor que los llevó a contar anécdotas durante el camino se había esfumado, en su lugar apareció el miedo, acrecentado por las vivencias personales que el profesor Sergio contó sobre su estancia en ese sitio; dormir era necesario, pero era mejor hacerlo acompañados.
Con el abandono de Hilario no les quedó más que acomodarse en el dormitorio más grande y cubrirse completamente para evitar que cualquier cosa o ente perturbara sus sueños; el río sonaba a lo lejos, y de pronto un aullido les provocó un salto, aunque no tan grande como el que más tarde un fuerte sonido parecido al de un exorcismo despertó a Rocío: era Iván que se ahogaba por una fuerte tos.
Por fin amaneció, la noche transcurrió en calma; la alegría volvía a sus rostros, especialmente porque ese día recibirían a Alhelí y Carlos para sumarse a la aventura.

diciembre 14, 2010

De visita por Cuyuchi y Río Metates

Día 2
Tras la primera noche enmarcada por una convivencia con los niños con quienes compartían el albergue, y la fabricación clandestina de pelotas en el cuarto de Iván, los Pallazos Rodantez amanecieron en Río Venado.
En un entorno donde la jornada comienza a las 4 de la mañana con las mujeres que madrugan para moler el maíz que sirve para las tortillas que alimentan a los habitantes de ese centro; donde los niños se alistan para comenzar sus actividades desde poco antes de las 6 , el llamado para los payasos era a las 7 a.m.
Por tal motivo, desde las 6:30 estaban en pie: Chío se alistaba, mientras Chicloso se encontraba en calidad de desaparecido; minutos más tarde hizo su aparición con el argumento de haber estado ensayando, aunque hay quienes dicen que salió corriendo cuando escucho el grito de baño!!
La gripa de Iván había hecho estragos, impidiendo su descanso con una fiebre que lo mantuvo dando vueltas en la cama, pero para ese momento el cansancio no se notaba; sonrientes se acercaron al comedor, donde sus anfitriones los esperaban con un rico guisado de verduras preparado por las manos expertas de las tres cocineras que ofrecían sus servicios (todas solteras, dos de ellas con un hijo al que cuidar); un vaso de atole de arroz, tortillas y galletas completaron el cuadro que les brindaría las energías para salir a enfrentar su nueva misión.
Se subieron a la camioneta guiados nuevamente por Octavio, y emprendieron el viaje sin saber lo que pasaría... minutos más tarde el conductor recibió una llamada que le indicaba que debía viajar a Oaxaca y llevar a algunas personas para la marcha que se efectuaría el 1 de diciembre; los Pallazos cambiaron la sonrisa por un gesto de tristeza: la jornada terminó- temieron.
Sin embargo con la ayuda de todos lograron llegar a Cuyuchi, en el municipio de Santiago Juxtlahuaca, en un taxi a cargo de Rigo; seguidos por una camioneta con el resto de los acompañantes; se dispusieron a comenzar el show.
Todo listo, especialmente los espectadores, quienes se prepararon con frituras y rebanadas de sandía mientras se sentaban en el pasto; los actores comenzaron el espectáculo; los niños emocionados, y al grito de “conejo”, ayudaron a Chicloso a encontrar al asistente escondido en su saco; una larga asistente impido el acto de levitación del mago; entre risas la presentación concluyó con una brisa acompañada por talco consecuencia de un juego entre los artistas clown.
Salieron envueltos en cariño y se encaminaron hacia Río Metates, dentro del mismo municipio, mientras algunos niños los seguían corriendo; a su llegada a la primaria tuvieron que esperar el final de la jornada escolar mientras sus acompañantes: el profesor Sergio, y los entrenadores Rigo, Guillermo, Hilario y Sebastián, mostraban sus talentos ocultos que iban desde tocar la trompeta y hacer malabares, hasta deleitarlos con canciones populares en la melódica, al tiempo que disfrutaban de una congelada de calabaza.
A su entrada los niños huían, acción que deseaban repetir Chío y Chicloso, pero del sol, que con sus rayos había provocado que el sudor nublara la visión del hombre que forma parte del dúo; con todo y la poca visión, el show continuó, y también los ejercicios de malabares, a cargo de Rocío. Fue en este momento donde entendieron las dificultades que implica llevar un taller de malabares donde hay desconocimiento de este arte; se tuvo que tomar la decisión de continuar repartiendo las pelotas como parte de una convivencia y deseo por que los niños tomaran conciencia y fueran parte, al menos lejanamente, de esta disciplina.
Al finalizar su intervención se despidieron y uno a uno los chiquillos les tendieron la mano como muestra de cariño; a la salida del recinto fueron invitados a comer a casa de un habitante de la comunidad; un abundante plato de huevo sumergido en una rica y picosa salsa verde con tortillas que sirvieron como cubiertos, acompañó una charla sobre las actividades que realiza la UDMULT, y su participación y notables resultados en el torneo de basquetbol de YBOA (Youth Basketball of America) llevado a cabo del 21 al 24 de Octubre en Aguascalientes.
La plática transcurría, en una tienda que se improvisó como comedor, y de pronto los ojos de Iván se iluminaron al ver una bolsa de bombones: no era gula, era una idea para el show; a la salida con las golosinas en brazos, y otros caprichos como postre, se dirigieron al automóvil en el que bajarían a Putla Villa de Guerrero para dejar a Rocío, la periodista que los había acompañado durante dos días, y quien debía reincorporarse a sus actividades laborales.
Ya en el municipio, mientras Rocío subía por un poco de periódico a la estación de radio local, aprovecharon la señal que sus celulares lograban obtener, por ser el único lugar donde era posible comunicarse; asimismo decidieron caminar para encontrar el medio que lograría completar otra de las ideas de Iván: confeti.
Se despidieron de la que después de un segundo viaje consideran su amiga, y emprendieron nuevamente el largo camino a Río Venado; entre chistes, adivinanzas y diez canciones existentes en el celular de Rigo, que se repetían una y otra vez, llegaron a su destino, donde los recibieron con atole y galletas para cenar; acto seguido un baño de agua fría, recomendada para reafirmar los tejidos, los aguardaba.
Una charla entre amigos sobre el show, lo que faltaba y había que mejorar; las nuevas propuestas para sacarlo adelante y un “tenemos que entregar un show más completo mañana”, dio pie a la retirada y el deseo de dulces sueños para recargar las pilas.

Gran Función en Río Venado

Día 3

El 1 de diciembre estuvo enmarcado por la entrada de Gabino Cue como gobernador del estado de Oaxaca; miles de personas se reunieron en las principales calles de la capital para darle la bienvenida a la alternancia política marcada por la coalición Unidos por la Paz y el Progreso (PAN-PRD-PT y Convergencia), que daría fin a ocho décadas de hegemonía priísta en el estado.
Diversas comunidades se notaban desiertas; sin embargo, permanecían en ellas muchos niños, y mientras los haya: Pallazos Rodantes no para.
Chio y Chicloso oficiaron un espectáculo ante aproximadamente 50 pequeños que se ubicaron frente a la cancha de básquetbol que sirvió de escenario para los artistas que en esta ocasión se presentaron en Río Venado, lugar que los hospedaba.
Entre risas y aplausos se efectuó un show que divirtió a chicos y grandes; el tema político quedó opacado por la sonrisa de los niños reunidos en las gradas, en una tarde serena y ya sin sol, en un poblado lleno de calidez.
A pesar del retraso de 45 minutos, derivado de un problema de logística; los múltiples ensayos y pláticas para organizar la presentación, se vieron reflejados: un payaso con los pantalones a media rodilla, un acto de monociclo trunco y un niño con todo el entusiasmo de ser asistente de un mago clown, fueron la sensación de esa tarde que alegró tanto a los asistentes como a los Pallazos Rodantez por la respuesta del público.
Se incorporó a los números el montaje de unos XV años con vals incluido; igualmente un cuchillo que sin querer fungió como un truco muy aplaudido; las bromas y chistes dieron paso a las dinámicas con pelotas de malabares que los payasos habían estado implementando, y que dio como consecuencia una mayor interacción entre actores y niños; además de incrementar el ambiente de alegría y participación.
Con una efusiva despedida, la foto del recuerdo, y tras el grito de “bolita a Chío”, los payasos regresaron al albergue para concluir un día que oscilo entre la satisfacción de un buen show y la diversión que encontraron en una tranquila y relajada mañana de paseo y visita al río.

diciembre 13, 2010

Partiendo a Comunidades Triquis

El comienzo del viaje
La cita fue en el andén 6 de OCC en la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (tapo), dentro de la sobrepoblada ciudad de México a las 20:30 del domingo 28 de noviembre; ahí esperaban tres "clowns" con la maravillosa sonrisa que los caracteriza: Chicloso, Chío e Io.
La tarde había sido larga: primero la recepción de una de las invitadas de este viaje: Chío, una simpática chica proveniente de León, Guanajuato; posteriormente arreglar detalles faltantes para terminar ahí, donde esta espía se unía a su aventura.
Después de una charla para afinar detalles de un viaje que duraría 2 semanas, y que por esta ocasión, se tendría que ver dividida por la salida de dos contingentes, siguieron las bromas, juegos y comentarios al margen: el panorama daba la idea de ser perfecto.
No cabe duda que todo varía según el cristal con que se mira: mis dudas eran mayores, pero aún así estaba ahí contagiada por ese entusiasmo que sólo el amor imprime.
Siguió la documentación, rogando que 3 mochilas, un costal con Pet triturado, otro con globos y dos monociclos no superaran los 25 Kg. por persona permitidos: así fue, y tras una breve despedida emprendieron el camino sólo tres: Chicloso, Chío y el ojo vigía.
Tras la despedida, se mencionaron después algunas lágrimas y sentimiento de impotencia por no comenzar el viaje juntos; sin embargo, la encomienda estaba en buenas manos.
Aunque la aventura se materializó en ese momento, ese no fue el comienzo del viaje: el sueño inició su gestación meses atrás, después de la primera visita de Pallazos Rodantez a territorio triqui tras ver esas sonrisas, pero ahora con una nueva ilusión: visitar más comunidades y llevar un curso de malabares.
La tarea no pintaba para ser fácil; aunque la invitación estaba abierta, había que planear agendas, tiempos; buscar a los payasos invitados con la idea de llevar un show más completo; proponer, platicar con personas y organismos implicados; estructurar, aterrizar ideas, y finalmente: conseguir el material para realizar las pelotas que servirían para el taller de malabares a través de donaciones.
Una cita afuera del Palacio de Bellas Artes y una cafetería que sirvió de refugio de la lluvia, fueron los testigos de la planeación de éste y otros eventos que ayudarían al crecimiento de un proyecto que en menos de un año ha rebasado sus metas; se modificó la fecha y se eligió el día 28 de noviembre para partir, con la esperanza de que los organizadores de la Unidad Deportiva del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (UDMULT) estuvieran de acuerdo; en la lista se leían los nombres de Carlos, Iván, Rocío y Marisela, con el deseo de incrementar el número sumando más “clowns” y músicos; en seguida se lanzó la convocatoria para cooperar con material, y la ilusión fue tomando forma.
Días más tarde, proyectos externos después, se dio la bienvenida a Alhelí como parte del contingente que viajaría hacia esa zona; la respuesta al llamado a ayudar iba lenta, se lanzó una segunda y tercera petición, y finalmente se logró superar el número de globos requeridos, así como adquirir cantidad suficiente de PET para rellenarlos.
No cabía duda que el amor se contagia, y el deseo por ser parte de algo tan maravilloso toca a muchos corazones
El tiempo voló, días antes quedaban cosas por arreglar y muchas pelotas por hacer a cargo de Carlos e Iván; una fugaz reunión para la entrega de los globos donados a una servidora, fue lo que me hizo caer en la cuenta de que esta locura era real: se acercaba el momento de enfrentar los temores que la desinformación de algunos medios había fundado.
Todo quedó listo, no había más por hacer que emprender el viaje; en la terminal imperaba el ambiente festivo y la emoción, pero también había dudas sobre lo que pasaría y si se lograrían cumplir las expectativas de lo que comenzó meses atrás.
Tres boletos, un camión de pasajeros, y muchos kilómetros por delante no daban la oportunidad de dar marcha atrás a este proyecto.

Pallazos Rodantez regresan a comunidades triquis

Primer día

En un esfuerzo por difundir el arte, la cultura y los deportes: la Unidad Deportiva del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (UDMULT) fue anfitrión una vez mas de la asociacion Pallazos Rodantez.
Tras once horas de viaje, en un ajetreado traslado, llegó a Putla el primer contingente formado por Iván y Rocío, para continuar con su labor de llevar alegria a comunidades indígenas; esta vez con un regreso a aquel lugar que meses atras los enamoro: Oaxaca.
Recibidos por Octavio, uno de los entrenadores de la unidad deportiva, emprendieron su viaje hacia el refugio, donde eran esperados por el profesor Sergio Ramírez, responsable de la UDMULT, y su grupo de jóvenes entrenadores de basquetbol.
Tras un rico almuerzo consistente en un caldo de pollo con verduras y tortillas recien hechas a mano, que sacio los estómagos vacíos de los payasos; se dispusieron a ensayar una nueva entrada con el elemento recién incorporado: el monociclo. Entre varios intentos fallidos y medio logrados; gotas de sudor, y quemaduras provocadas por tubos resistentes a servir de apoyo, la decision fue unanime: esperar un poco mas para utilizar ese truco.
Organizados y ansiosos, llegó el momento de emprender el viaje hacia el primer sitio de encuentro: Rastrojo, en el municipio de Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca; subieron nuevamente a la camioneta de Octavio “Tavo”, acompañados por Hilario, Sebastián, Alfredo y una periodista de la región: Rocío; tras una breve parada que sirvió para refrescarse, llegaron a su destino.
La emoción del encuentro, provocó que los niños hicieran del desorden el orden del momento; entre gritos y risas arribaron al patio de la escuela los pallazos en sus aeronaves improvisadas.
El primer espectáculo transcurrió atropellado: pequeños que no permanecían sentados, perros que se sentaban sobre la capa del mago; un payaso que terminó con los pantalones en el suelo, y el temor de Chío por su primera participación en soledad frente a un público exigente, dejó confusión en los rostros de estos personajes, pero también el deseo de superar el problema en la siguiente función.
Continuaron con la implementación del programa para enseñar malabares a los niños; la idea era buena, pero la atención y escucha no tanta, así que el resultado fue: pelotas volando por todos lados, y dos niñas de entre 12 y 14 años que hicieron una primera prueba en este arte.
Su propósito de superar la función y el primer taller tendría que cumplirse al otro día; el sol comenzaba a ocultarse, y era momento de regresar al albergue ubicado en Rio Venado, municipio de Constancia del Rosario; antes, una parada para reponer energías con la comida preparada en el albergue de Rastrojo.
Una carne con verduras, papas y salsa, acompañada de arroz, frijoles, agua de guayaba y sandía, sin dejar a un lado las tortillas y sandía fresca de postre, fueron el banquete que devolvieron el ánimo a los visitantes; la compañía era excelente, y la charla interesante, pero un camino los esperaba, y la promesa de una noche serena aguardaba a unos kilómetros.
A su llegada al lugar que sería su hogar durante las siguientes dos semanas no había más que comenzar con la labor de hacer más pelotas; reunieron a un grupo de ayudantes, y los instruyeron sobre cómo se realizaban; hora y media más tarde, y doscientas pelotas después, llegó el momento de retirarse a sus habitaciones y dormir para poder ver un nuevo amanecer.

agosto 16, 2010

Visitando Comunidades Triquis

(...) Hablar de comunidades triquis en los últimos tiempos se ha vuelto más un tema de morbo, temor y revuelo; se habla mucho de la inseguridad, de los actos violentos que han ocurrido, y se generalizan estas actitudes entre la población de aquellas comunidades; se olvida que aunque existan grupos de choque, ahí también hay gente, gente que siente, que vive y que quiere reír.
Por eso saber que Pallazos Rodantez dejó atrás todos esos tabús, es algo que inspira, y escuchar a Io manifestándose, queriendo con un grito ahogado callar todas esas habladurías, aún más.
Y así, mientras la gente gritaba por un intento de gol, la conversación pasaba de un debate entre lo bueno y lo malo, a una acalorada exposición de puntos sobre la realidad del país, para culminar con la belleza de sus habitantes.
Mis sentidos se deleitaban sólo de imaginarme ahí, entre la gente; sin conocer el paisaje, me imaginaba entre árboles disfrutando los frutos que la región brinda. Entre anécdotas Carlos me contaba como una de las personas que los acompañaba, Hilario, los consentía dándoles plátanos, naranjas y mangos con tan sólo escuchar un comentario aislado, obligándolos a cerrar la boca después de tan singular banquete...

Busquen más información en "Crónica de una charla -Comunidades triquis-"

julio 29, 2010

De visita por Jilotepec 3

Y todo parecía indicar que finalmente después de dos días lluviosos, el sol saldría; más la lección más importante es nunca confiarse del clima sobre todo en los últimos años.
Dieron las 9:30 del domingo, un toc toc en la puerta los despertó, era hora de levantarse, pero una confusión en la agenda mental de Chicloso lo hizo enredar tiempos y dejarse llevar por el aletargamiento.
En la casa ya todo estaba listo, todos levantados y arreglados para asistir a la función; en esta ocasión doña Martha, Chucho y Carmen los acompañarían, el gran ausente sería don Felipe, a quien un partido de fútbol le reclamaba asistencia.

Para ver la crónica completa, den clic en Humedad y Sonrisas en Jilotepec [día 3]

julio 28, 2010

De visita por Jilotepec 2

Pero en ocasiones ni por más fuerzas que se le impriman a un deseo, este se vuelve realidad.
El reloj marcaba las nueve de la mañana, pero el sol no se alcanzaba a vislumbrar, en el cielo sólo se podía apreciar un cúmulo de nubes grisáceas; un nuevo día los había alcanzado en una casa alejada del caos que genera una ciudad.
Abrir los ojos y observar un majestuoso tono verde alrededor, hacía que el esbozo de una nueva jornada fuera tomando sentido, en un lienzo tan blanco que en ocasiones evita validar la realidad.
Entraron a la casa después de una fría noche; el lugar ya se había impregnado de aquel olor característico a la tradición de un desayuno familiar, en la televisión se veía el programa matutino de los sábados, en la mesa diferentes platillos para compartir.
Muy lejos de la fría organización de un desayuno comercial, se podía sentir el sabor del huevo con jamón acompañado de frijoles, con sólo olerlo; la sensación incomparable de una tortilla recién salida del comal; la dulcura del atole de arroz, así se logró despertar no sólo el apetito, sino las ganas de comenzar.


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De visita por Jilotepec 1

"Amenaza de dos días de lluvias extraordinarias en el D.F.", anunciaban las noticias.
Y como muchos, los Pallazos Rodantez también saben que el agua no sólo moja, también puede despintar, así que emprendieron la huída buscando algún camino dorado que el sol pudo haber dejado a su paso.
Se citaron por la mañana en los límites de la ciudad, y ahí encontraron a las cómplices perfectas para un viaje de aventura: dos mujeres y dos niñas.Tania, la guía de la tropa en esta ocasión, los saludó con agrado e inspirados iniciaron un viaje hacia un lugar aún sin conquistar.
Pero el singular despiste de dos seres de inocencia reconocida los hizo olvidar que: "Antes de todo viaje el clima debes consultar", y se encaminaron hacia Jilotepec, Estado de México, sin imaginar que la lluvia se resguardó en la cajuela de los dos vehículos que los llevaron hasta su destino.
Y entre universitarios, niñas y familiares, Io y Chicloso se acomodaron y en un abrir y cerrar de ojos, provocado por el vértigo que la velocidad causa en ellos, hicieron la primer parada que marcaría el inicio de una larga jornada que destaco por diferente, culpa de un clima irreverente.

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julio 02, 2010

Congreso León -Crónica-

(...)Llegó el día esperado, la cita fue muy temprano, a las 7:00 horas del viernes 25 de junio en la Central de Autobuses del Norte de la Ciudad de México, para ser exactos.

Como “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” y Chicloso e Io sin saber nadar preferían el camión, adelantaron su llegada y a las 6:00 de la mañana ya estaban ahí, recogiendo sus boletos. El sueño provocado por aquella madrugadora salida era inminente, sólo lo rebasaba la incertidumbre por saber qué les depararía el destino en esta ocasión.

Acostumbrados al público, no debía haber razones para sentir nervios; la diferencia radica en que el reto de espectadores demandantes y tan diferentes en cada ocasión, se cubre con una nariz y todas las fuerzas que el amor pueda generar; sin embargo, que tu voz se escuche en un foro como lo era ese y que logre hacer eco para contagiar a otros de tu sentimiento, haciéndoles ver que tu sueño es tan real como honesto, merece un desafío diferente.

Trataban de ocultar ese sentimiento que transpiraban, aunque sabían que tener confianza siempre ha sido su mejor arma.

Después de una hora y media de espera fue momento de tomar sus asientos en el autobús que los llevaría hasta León, Guanajuato, lugar de gente calida, piel, y aquellas tortas de chicharrón llamadas “guacamayas”, cuyo parentesco con las “guajolotas defeñas” aún está en proceso de investigación.
El camino comenzó entre bromas y comentarios, con un desayuno tan ligero que obligó a callar la tripa con un refresco. Un par de buenas películas bien puede ambientar un viaje de 5 horas, pero más agradable es descansar los ojos y meterse en sus propios pensamientos...

Para leer la crónica completa, entren al apartado Congreso Internacional de Risoterapia

Día a Día